Un punto de encuentro para ciclistas que quieren compartir experiencias, consejos, amistades.


Ciclismo para viajeros

Cuando decidimos emprender un viaje en bicicleta, hay muchas dudas e inseguridades que nos asaltan: ¿debo ir acompañado?, ¿qué repuestos debo llevar?, ¿qué herramientas son las escenciales? o, ¿cuál es la ruta más interesante para llegar sin romper la bicicleta? Al menos a mí me ocurrió de esta forma. Es por esto que nace Ciclista Viajero, para aclarar algunas de estas dudas entre todos los que quieran aportar con su experiencia, viajeros, pedaleros, mecánicos, gente del mundo y de las ruedas 26' 2.0

lunes, julio 26, 2010

Ciclo viaje Argentina 2009 (1)



Mi primera experiencia en ciclo viajes comenzó en Febrero del 2009, desde Río Negro hacia el país trasandino. Sin mucha planificación, nos embarcamos con Thomas y Gonzalo en un viaje sin fecha de término ni ruta establecida. Más intuitiva que planeada, sólo alegrías y decisiones fructíferas arriba de la bicicleta, aprendimos a que las cuestas se suben mirando a tan sólo dos metros para adelante, uno más y se transforma en tortura. El cansancio es más bien sicológico. El cuerpo, si utilizamos una relación de velocidades adecuada, puede seguir pedaleando por mucho tiempo más que lo que la mente puede aguantar cuando realmente sabe cuánto le queda por seguir. Un total de 850 km. en 10 días fue el resultado de muchos sueños que se cumplieron en la ruta.
Llegando a la Argentina, luego de haber subido 22 km, con mucha lluvia y viento, finalmente llegamos al hito fronterizo que señala que desde ese momento hasta el paso fronterizo Argentino, serán 17 km de bajada. Unos 70Km/h logramos alcanzar bajando sin frenar; posición cabizbaja y brazos paralelos al horizonte, frenos vulnerables por el agua, en mi caso, el delantero era de disco y el trasero de pastillas V-Brake. Ninguno de los dos hubiera podido frenar bien en un caso de emergencia, sólo la ruta y las buenas energías se encargaron de que nada malo ocurriera y muy por el contrario, grata sorpresa nos encontramos al llegar al paso Fronterizo y la guardia Argentina. Había un local de abastecimiento. Nosotros, empapados hasta más no poder. El dueño del negocio nos invitó a secar nuestras ropas y comer de una carbonada que le había quedado del almuerzo. Estábamos impresionados. Nunca pretendió que le compraramos muchos víveres, nada pedía a cambio de su buena onda. Así es cuando uno viaja confiando en la ruta, ella provee de lo que va siendo necesario. Nos dieron las nueve de la noche sin saber aún donde acamparíamos, al pasar por la frontera, el guardia nos indica: "un poco más allá, por la derecha, econtrarán un sitio permitido para acampar". Estaba oscuro, no sabíamos realmente dónde teníamos que doblar. Instintivamente, viramos a la derecha y llegamos a la orilla de un lago, que sería más sorpresivo y agradable aún, a la mañana siguiente, cuando realmente dimensionábamos en el bello entorno en que nos encontrabamos.

No hay comentarios: